El pequeño gran pueblo, Montevideo-Uruguay

Existen lugares donde el tiempo es muy corto, el trabajo te consume, las horas te estresan, el ruido te inquieta y las personas te obligan a dejar de sonreír.

Así no es Uruguay, por lo menos la parte que conocí. A sólo tres horas de Argentina y cruzando el Río de la Plata, se puede conocer este pequeño gran lugar, Montevideo.

Los uruguayos tienen esa expresión de quien se toma la vida muy tranquila, le gustan los atardeceres, disfruta de una conversación,  y te brinda un saludo desinteresado.

Sus calles, callecitas, avenidas, pequeñas avenidas, sus edificios, su historia, también armoniza con esa calma. Siempre hay silencio y pocas personas en las calles, al parecer su diversión empieza más tarde y en Rambla y Playa Ramírez  lugares escogidos para ver el atardecer  y quemarse bajo ese sol de parrilla.

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En la plaza Cagancha un “juvenil” señor descansa en la banca del parque con camisa abierta y pantalón remangado. Nadie lo mira, a nadie le incomoda.

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Algunos turistas vienen solitarios a descansar.

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Una de sus avenidas principales se llama 18 de Julio, y para ser una avenida principal es muy tranquila.

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Inmensos árboles hacen más placentero el caminar.

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Playa Ramírez, todos se preparan para otro nuevo atardecer.

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Tomar el sol, o simplemente conversar.

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No hay apuros para despertar.

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Algunos paredes pintadas de las calles silenciosas.

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Cerca a Rambla muchos hombres se juntan para pescar, al menos uno o más peces.

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El calor siempre los motiva a llevar prendas diminutas.

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9 de la noche y por fin el sol se oculta.

¡Pichicho!

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A lo lejos veo a un aventurero perro saltando al río, recogiendo una botella descartable y devolviéndola a su dueño. A los pocos minutos de fotografiar a este adorable pastor alemán, un amable pero misterioso señor me pide que guarde mi cámara. Me convence diciéndome que en el lugar asaltan a las personas que no son conocidas. Me alejé.

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No pude seguir fotografiando a pichicho, nombre con el que refiero a los perros juguetones,  ni sus acrobáticos saltos. Así que me despedí de sus jugueteos sobre el agua y me alejé, esperando volver al siguiente día y encontrarlo. No lo encontré

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En mi viaje a Uruguay me gustaron muchas cosas; la eterna puesta de sol, la tranquilidad de sus calles y pichicho.

Días de campaña

Trabajar con Lourdes Flores ocurrió de la manera más inesperada, como todas las cosas que me pasan. Un día me llamaron para hacer fotos de un evento y sin darme cuenta terminé recorriendo seis meses de campaña electoral. Dicen que los trabajos, como las mascotas, nos escogen. Ese día a esa hora, ese trabajo me escogió. No sólo compartí mi trabajo sino también mi amistad, la tristeza, los aciertos y errores propios de una campaña. Y Sin llegar a ser miembro de su partido, compartí algunas de sus ideas.

Yo sigo manteniendo mi independencia, no milito en ningún partido político ni siquiera soy hincha del algún equipo de fútbol, sólo de la selección nacional cuando juega. Pero quiero mostrar algunas imágenes de lo que fotografié en la campaña, y agradecer profundamente a Cecilia Loayza, Lili Cerrón a todo el equipo de prensa, a los miembros de seguridad y en especial a Lourdes Flores por darme la oportunidad de trabajar con ellos de confiar no sólo en mi trabajo sino en mi persona.

Existen muchos análisis sobre el final del resultado de esa campaña, sería redundante mencionarlo. Lo que sí es claro para mí, es que en este país, mi país, la esperanza de cambio sigue firme en todo los peruanos, lo noto cada vez que veo a las personas apoyando a uno u otro candidato, y que los buenos políticos existen, lástima que todavía no se da el contexto donde ambos puedan encontrarse.

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1. Mercado central, 1 de la tarde. Algunos comerciantes la esperaron en la puerta del mercado y al acompañarla por los pasillos muchos de los puestos sufrieron algunos daños, no sólo ocasionado por los entusiastas seguidores , sino también por los fotógrafos y camarógrafos que cubrían el recorrido (me incluyo).

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2. La música era infaltable en los recorridos, algunos distritos la recibían con orquestas, bandas y otros presentaban a los Mariachis en la caminata.

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3. En todas las visitas las muestras de apoyo siempre eran muy espontáneas y jocosas claro que también nos encontrábamos con detractores que muchas veces terminaban insultando o agrediendo. Una vez nos lanzaron huevos, y alguien dijo en broma, que era tiempo de hacer tortillas…

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4. En las caravanas, Lourdes Flores  solía subir a una camioneta y recorrer desde ahí el distrito, muchas veces la gente corría tras ella para extenderle la mano, pero otros como la cobradora le extendió la mano para recibir unas pelotas con publicidad de la campaña.

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5. Su discurso siempre estaba lleno de palabras optimistas, esperanzadoras, así como también de mucho análisis de la situación de ese lugar que se visitaba, otras veces solía bromear con el público.

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6. Nunca escuché que estuviera tan cansada para no salir a un evento, así haya terminado su jornada a las 3 de la mañana y hubiera dormido solo cuatro horas. Siempre salía a recorrer con la mejor disposición y sonrisa.

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7. Después del debate que organizó  Asociación Civil Transparencia, tuvimos que esperar un par de minutos para que terminara de declarar a la prensa, la cual siempre insistía en confrontarla con Susana Villarán.

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8. Muchos niños se acercaban a las caminatas y de juego en juego trataban de entender porque una señora vestida de verde acompañada de muchos adultos, caminaban por sus calles saludando y visitando sus casas.

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9. Mañana, tarde o noche. La rutina de trabajo se volvió muy fuerte al acercarse la elección.

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10. El “Lulumóvil” se convirtió en el medio de transporte más usado cuando las caminatas eran muy largas.

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11. Siempre noté que se llevaba bien con el equipo de trabajo, nunca la vi molesta o disconforme, al menos no lo hacía en público, percibía su respeto por las personas sin diferenciarlas ni discriminarlas.

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12. No sé cuantos cerros y escaleras subimos, ni cuanto sol y frío tuvimos que soportar, no sé si era ella o nosotros, o todos, los que empujábamos cuando las energías desaparecían.

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13. Los simpatizantes seguían las caminatas sin importar la hora, el frío o la distancia.

 

Nayara

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Llegó a casa con esos ojos negros radiantes y sus manitos pequeñas, sabía que la amaría por siempre. Ella es Nayara mi sobrina de 6 años, la única niña en la casa y la única también que hizo que mi papá gateara en el piso con tal de hacerla reír, hacerla feliz, es que todos intentamos hacerla  sonreír. Por ahora yo no tengo hijos y no sé sí el día que los tenga seré igual como lo soy con ella. Siempre es divertido conversar con Nayara, tiene miles de ocurrencias y casi siempre acompañadas de cientos de preguntas, en conclusión tiene un inmenso interés de saber cómo funciona el mundo.

Siempre me pide que le haga fotos, quizás es mi culpa creció acechada por mi cámara cada vez que quería congelar esos momentos especiales, su primer paso, comida, ducha, hasta su primer bostezo. Jugaba alrededor de mis lentes, mis filtros, mi camera de rollos y mis rollos, y mis tapas siempre terminaban masticadas por sus diminutos dientes .Cada vez que le contaba sobre mi trabajo me miraba intrigada tratando de entender porque siempre terminaba corriendo tras alguien.

Ahora que estoy lejos la recuerdo, cada vez que veo a un niño de su edad, con esa inmensa y traviesa sonrisa y  su tono peculiar al  decirme hola tía Yanina.

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Todo esto me llevó a pensar. ¿Qué estamos haciendo realmente “los grandes” por los niños?  Por qué estamos destruyendo de a poquitos este mundo, que finalmente quedará para ellos. ¿Por qué no hacemos que todo funcione mejor? ¿Es difícil pensar en ellos cada vez que hacemos cosas de adultos?  La tierra, el agua, los recursos naturales no son posesión de nadie, son de todos en especial de los niños, de tus hijos, sobrinos, nietos…

Una vez Nayara me preguntó si nos íbamos a extinguir igual que los dinosauros, yo le dije que todo tenía un ciclo de vida y que mientras no venga otro meteorito estaríamos a salvo. Luego me puse a ver los noticieros y pensé que quizás nos vamos a terminar de extinguir  antes, con tanta guerra, escasez, odio y muerte.

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En otra ocasión me dijo que quería ser madre de familia y como todas las cosas que me dice las tomo en serio, le dije que debía ser un profesional primero y luego pensar en la familia.Pero sí eso decidiera, espero que  lo pueda conseguir. Un buen hombre, una buena casa, y una linda familia. Imagino que es eso lo que esperamos, los tíos, los padres los abuelos de esas pequeñas caritas inocentes. Es cierto que el mundo no es un paraíso y que hay que trabajar duro para conseguir lo que se quiere, pero con nuestro egoísmo y malas decisiones lo estamos convirtiendo en un infierno y eso sí es imperdonable.

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Lo  último que se le ocurrió preguntarme es qué si en el país donde estoy hay perros, y qué si conocía los nombres de todos esos perros… Es que así son ellos, únicos y ocurrentes.

 

Yo también quiero ser bombero

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Fue recién en la secundaría que las ganas de ser bombero me invadieron, razones firmes nunca las tuve, pero siempre tenía las ganas de correr tras una emergencia y poder salvar todas las vidas que pudiera. El destino quiso que terminara siendo fotógrafa y en vez de salvar vidas, lo que hago es fotografiar a estos ángeles salvado la vida de otros.

Homenajes hay muchos hacía los bomberos, pero creo que el verdadero reconocimiento  es nuestro total respeto y ayuda. Cualquier cosa que puedas hacer por un bombero y su compañía, hazlo.

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¿Quién no tiene un amigo bombero? Yo también tengo algunos, y a pesar de lo precario de sus equipos, de lo reducido de su presupuesto, siempre están con ganas de salir, ellos son así: Listos, preparados y a correr.Pero a pesar de eso siempre los recuerdo con sus inmensas sonrisas, peculiares bromas y reflexiones de la vida.

Esperemos que sigan siempre presentes y ayudando,  espero también  que podamos ayudarlos todo lo que podamos.

Uno nunca sabe cuando te tocará el día en que un bombero esté sujetando tu mano, mirándote a los ojos, pidiendo que sigas respirando, dándote aliento para seguir viviendo. Mientras eso no ocurra, no permitas que nada impida que un bombero pueda llegar a esa persona a ayudarlo a vivir.

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La historia de un Perro

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De pequeño lo criaron con cariño casi excesivo. Sus juegos eran la atracción de todos las tardes y cada payasada era celebrada con abrazos y risas sinceras. Pero creció, el cachorro dejó de ser gracioso y sus juegos se convirtieron en molestas travesuras que lo llevaban al segundo piso.

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Se llama Ralf un perro de raza no identificada, es gracioso verlo a veces con una oreja parada y la otra casi muerta. Me mira de lejos e  intenta advertirme ,con sus ladridos ,que es un perro feroz cuidando su territorio, aunque después de dos minutos pierde el interés y se dedica a verificar sí sus pulgas siguen en su panza.

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Todas las noches a la misma hora se detiene al borde del  piso y mira atentamente la calle, esperando que su pequeña ama regrese. Ralf no sabe que no volverá, se fue hace mucho tiempo a terminar de estudiar a otro país, pero Ralf es Ralf. Seguirá esperando con sus orejas desequilibradas, su ladrido feroz, y sus pulgas en la panza.

 

 

 

¿Cuestión de suerte?

¡Lo tengo! Fue la respuesta que le dí a mi jefe, cuando me preguntó si tenía la foto del presidente del congreso Daniel Abugattás. Al parecer el excesivo estrés causó una descomposición en la salud del congresista, el cual se desmayó en pleno desfile militar del 2011.

Por lo general y por regla, a este tipo de comisiones vamos más de un fotógrafo los cuales nos encargamos de tareas especificas, de esa manera se tiene todo cubierto(esa es la idea).

Resulta que esa día nuestro trabajo comenzaba a las cinco de la mañana (como todos los años) y cada uno había tomado sus ubicaciones. A mí me tocó cubrir el lado izquierdo del escenario, así que todo lo que se moviera o ocurriera por ese lado era exclusivamente responsabilidad mía.

Era la tercera vez que cubría el desfile militar y bueno las expectativas de encontrar algo diferente eran grandes, así que me pasé caminando de un lado a otro, hasta que me cansé y me detuve junto a el camarógrafo del canal cuatro. Mirábamos el desfile tranquilamente, cuando de repente un agitado reportero le dice que lo siga. Los dos salen corriendo, yo también los sigo. Al llegar a la parte trasera del estrado oficial vimos que del toldo salía muy pálido y débil el congresista Abugattas, así que empezamos a obtener las imágenes de ese momento.

A los segundos llegó la ambulancia y se lo llevó. Mucho después algunos otros fotógrafos y camarógrafos preguntaban sobre el parlamentario, y bueno parece que ese día en ese lugar sólo estuvimos los de América y yo.

Suerte, intuición, experiencia… Creo que ese día fue la suerte que me puso en el lugar y la hora indicada.
Aunque lo mejor, siempre, será desarrollar intuición periodística y eso sólo se logra con la experiencia y los años.