El fotógrafo que cubrió la toma de la embajada de Estados Unidos en Irán en 1979, vive en Perú.

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Los rehenes con los ojos vendados son trasladados al patio de la embajada ciertos días, para que la prensa los fotografíe. Foto:AP

Seguro muchos de ustedes han visto la película Argo, cuyo argumento está basado en el asalto de la embajada estadounidense por jóvenes iraníes, seguidores de Ayatolá Ruhollah Jomeini. Quienes mantuvieron secuestrados a cincuenta personas entre diplomáticos y ciudadanos americanos desde el 4 de noviembre de 1979 hasta el 20 de enero de 1981.

Periodistas de todos los países fueron enviados a Teherán-Irán a cubrir la noticia, y entre ellos varios latinos. Grande fue mi sorpresa al enterarme que un fotógrafo uruguayo, amigo mio y ahora residente en Perú, cubrió los incidentes de esa toma que tuvo en jaque al gobierno de Estados Unidos.

El fotógrafo es Hector Tupa Carballo, en un anterior post escribí sobre sus múltiples facetas como profesional, y ahora volvemos a conversar con él para que nos cuente como vivió los días en ese lejano país.

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Momentos precisos cuando los jóvenes estudiantes ingresan a la embajada saltando la reja de la puerta principal. Foto AFP/GETTY

En ese tiempo Tupa, como solemos llamarlo, estaba trabajando para la revista Gente y Actualidad de Buenos Aires. Sabía que sería difícil obtener la visa que le permitiera el ingreso a Irán, pero no se desanimó y le prometió a su redactor que llegarían, cueste lo que cueste.

Después de llegar a París y perfeccionar su francés,  Tupa  tuvo que hacer uso de su mejor arma; la sugestión y alguna mentirita blanca : “soy ganadero y vendo carne, quiero vender carne a Irán” fue la frase que convenció y que le abrió las puertas para que él y su redactor cubran la toma de la embajada norteamericana.

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El frío de la estación lo obligó a llevar una casaca gruesa, que hacían lentos sus movimientos. Acostumbrado a cubrir diferentes eventos internacionales, Tupa se acondicionó de cuatro cámaras fotográficas, cada una con un lente diferente.

Después de insistir hasta el cansancio a los jóvenes iraníes  para que los dejaran pasar. Lograron su objetivo. En la foto superior vemos a Tupa en el patio de la embajada, esperando la segunda orden que los llevaría a conocer a los manifestantes y los rehenes.

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Luego de la última orden, ingresaron al interior del consulado, solo pudieron hablar con los iraníes, quienes con traductor a lado explicaban sus razones para mantener detenidos a más de 50 personas.

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En la parte externa del consulado americano, vemos a numerosos manifestantes quienes reclamaban a Estados Unidos que devuelva a Sah Mohammad Reza Pahlevi, para ser juzgado por los crímenes cometidos contra el pueblo iraní.

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Tupa nos cuenta que alrededor de la embajada existían casas de cambio y que diariamente tenía que cambiar sus dólares y negociar para no perder dinero. El posa aquí con colegas argentinos, (tupa es el primero de la fila superior derecha).

“Los días eran extenuantes por la espera, así que un día se nos ocurrió jugar fulbito sin pelota”.

– ¿Y cómo es eso?
– Mentalmente, porque tampoco podíamos distraernos ja,ja,ja.

– Iba todos los días a la embajada, de siete de la mañana hasta que me cansara. Uno ve cosas increíbles, su cultura es totalmente distinta a cualquiera que conozca. Desde autoflajelación o costumbres para ir al baño, es otro mundo…

Cuenta que una de las cosas que aprendió fue el arte de regatear. Antes de partir se compró dos alfombras a muy buen precio, negociación que le tomó un par de horas.

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Este grupo de mujeres iban todos los días a protestar y manifestarse en contra de Estados Unidos, eran algo así como la portátil del gobierno de ese entonces, relata Tupa.

– ¿Tuviste inconvenientes para tomar fotos?
– No, el color de mi piel me ayudó, yo no era el típico hombre gringo. Así que nunca me negaron una foto, ni las mujeres, hombres o niños.

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“Cuando veían la cámara les daban las armas a los niños y niñas. Querían mostrar que todos estaban en contra de Estados Unidos”

– ¿Cómo enviabas el material, los rollos, hacía Argentina?
– Eso también era un trabajo de cuidado, teníamos que ir al aeropuerto y buscar a una persona que nos transmitiera confianza porque debíamos entregarle los rollos. Una vez en París el corresponsal de la revista, en ese país, tenía que buscar a la persona por las características que le habíamos dado y de ahí buscar a otra persona que igual transmitiera confianza y encargar nuevamente los rollos, esta vez con destino a Argentina. Menos mal que todos los rollos llegaron.

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En las manifestaciones también asistían los soldados sobrevivientes de la guerra Iran -Irak.

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Este es el carnet que acreditaba a Tupa como prensa internacional. El documento lo conserva con mucho cariño, así como todas las fotografías que ha realizado alrededor del mundo.

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Formó un buen equipo de trabajo junto al redactor de la revista Gente de Buenos Aires, Alberto Abato. Aquí se encuentran parados frente a la puerta principal de la embajada de Estados Unidos.

El tiempo que Tupa cubrió la toma de la embajada, nunca pudo ver a los rehenes. Algo de lo que se lamenta, pero explica que fue por dinero; la revista no podía solventar más de un año de cobertura.

*También pueden visitar la cuenta Flickr de Tupa, donde tiene fotos de los lugares y personalidades a los que ha fotografiado.

*Todas las fotos son propiedad de Hector Tupa Carballo, si alguien desea compartirlas o comprarlas puede contactarse con él mediante Facebook o a @tupacarballo 

 

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@yaniesther

Soy reportera gráfica desde el 2003 cuando ingresé al diario La República, fueron siete años y medio de aprendizaje, realizando tareas de edición y jefatura. En el 2009 me fui a trabajar a la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) como subeditora de PuntoEdu. Paralelamente realizaba trabajos para Oxfam, en sus proyectos por el país. En el 2010 fui contratada como fotógrafa de campaña de Lourdes Flores a la Alcaldía de Lima, y en el 2011 apoyé por un mes a Alejandro Toledo en su campaña a la presidencia de ese año. Finalmente en abril del 2011, volví al diario La República. Para luego de cuatro meses, venir a Argentina, Buenos Aires y empezar todo de nuevo.Lo más importante es nunca dejar de avanzar.